Memoria Lgbtiqa+ migrante

Para todxs nosotrxs

este instante y este triunfo

No se suponía que íbamos a sobrevivir.

Audré Lorde

Cómo olvidar la revuelta de Stonewall en EE.UU en 1969, cómo olvidar además que, fue una mujer negra trans Marsha P. Johnson quien levantó junto con la comunidad una protesta para visibilizar la existencia de quienes por salirse de la cis-heteronorma somos perseguidxs y asesinadxs. En lugar de callar y seguir aguantando malos tratos por parte de grupos homofóbicos y las mismas autoridades policiales, organizaron una protesta en uno  de los  barrios más importantes para la comunidad en el momento. Un grito de igualdad, liberación y  dignidad de la pluralidad de identidades sexo-génericas. 

Es en este contexto como comunidad Lgbtiqa+ migrante reconocemos la importancia de la memoria histórica y política de estos días, más allá del marketing neoliberal que en los últimos años ha sabido explotar y lucrar con las reivindicaciones sociales que subyacen al día internacional del orgullo. Desde Chile las disidencias sexo-génericas recordamos como millones de personas han tenido que migrar y desplazarse por la persecusión y discrimación que sufren por su orientación sexual  y/o identidad de género. Así el sexilio se presenta como una posibilidad de sobrevivencia, una opción política o una estrategia que puede garantizar el derecho a la elección, autodeterminación de las personas, la libertad individual y el derecho  a la diferencia y la disidencia (Mogrovejo, 2015:30) Recordar además que las prácticas de desplazamiento humano están ligadas a las lógicas de dominación racial, de clase y de género que provocan las desigualdades sociales que vivimos en el presente. 

La hegemonia heterosexual y la imposición de la cis-heteronorma se basa en un régimen político, social y económico que presupone una obligatoriedad sobre nuestros deseos y sexualidad en general. Ésto constituye una de las principales causas de los discursos odio y la discriminación a las diversidades sexuales que se manifiestan en violencia estructural e interpersonal, persecusión por parte de los fundamentalismos, censura de los activismos Lgbtiqa+ y la ausencia de políticas públicas que aborden las problematicas estructurales que permitan la garantía de una vida libre de violencias y el acceso a derechos. 

Desde diversos tratados y convenciones internacionales como los principios de Yogyakarta en el 2007 y la convención interamericana contra toda forma de discriminación e intolerancia en el 2013, se le pide a los Estados la protección de los derechos de las personas de la comunidad Lgbtiqa+ a través de la creación de políticas especiales y acciones afirmativas para garantizar el goce de las libertades fundamentales de personas o grupos que sean sujetos de discriminación o intolerancia, teniendo en cuenta las dimensiones interseccionales del desplazamiento forzado, la orientación sexual y la identidad de género en contextos de movilidad humana, asilo y/o refugio. 

A toda opresión se levanta una resistencia, y han sido estas prácticas comunitarias de re-existir a las diversas opresiones donde nos hemos encontrado como disidencias migrantes para seguir tejiendo la memoria disidente en contexto de migración, prácticas que se construyen en la micropolítica, en la cotidianidad y que aún queda mucho camino por andar. Por eso nos invito a re-encontrarnos alrededor de la memoria, los deseos de liberación y la garantía de los ddhh, que posibilite tener una genealogía de las disidencias sexo-génericas migrantes, tener referentes locales y levantar una lucha colectiva.