La otra cara de la moneda. La movilización solidaria del pueblo tarapaqueño ante la xenofobia

Cualquiera que escuche la canción para un niño en la calle de Armando Tejada-Angél Ritro, casi siempre en la voz de la gran Mercedes Sosa, siente el mismo nudo en la garganta que provoca ver en las calles de Iquique, Alto Hospicio, Pozo Almonte o Colcane a familias con niñas y niños que han viajado miles de kilómetros, muchas veces a pie, buscando un techo y un trabajo. En ese tránsito, los pequeños objetos, domésticos o lúdicos, cobran un valor particular de contención y continuidad en sus vidas. Cuando el sábado 25 de septiembre, personas estimuladas por el odio queman sus escasas pertenencias, el dolor, miedo y frustración se apodera de estas familias.

Las acciones e imágenes xenófobas y aporofóbicas de este fatídico sábado, un día después del desalojo de la plaza Gerardo Poblete, ex plaza Brasil, recorrieron la región y el mundo. Mucho se ha dicho de la actitud deplorable de los y las iquiqueños, y de la gente de Tarapacá en general, pero muy poco de las inmediatas acciones espontáneas de apoyo y protección. Desde el domingo 26 en adelante una serie de agrupaciones ha empezado a articularse en distintos niveles y modos de organización. Se trata de centros culturales, ollas comunes, organizaciones no gubernamentales, y muchos vecinos y vecinas deseosos de ayudar. Junto a ellas y articulados en dos grupos de Whatsapp: uno de la Coordinadora Humaniza y otro de un variopinto grupo nucleados en “Punto de entrega y ayuda”, pudimos acércanos a distintos grupos de venezolanos y venezolanas que están acampando en playas, plazas y terrenos baldíos. Hay guaguas deshidratas, personas semi-desnutridas y montón de personas sin calzado debido a la gran distancia que han caminado para llegar a Chile. Se ha entregado ropa, comida, agua y medicamentos. La ayuda se ha sentido y vemos muchas personas ayudando, además de generar redes de ayuda para alojamientos y desplazamientos hacia el sur de nuestro país.

El gobierno de Sebastián Piñera se ha mostrado nuevamente ineficaz ante la situación migratoria actual. Se invita a los y las migrantes a autodenunciarse, lo cual los lleva a un camino sin salida. En Iquique, Alto Hospicio, Pozo Almonte, Colchane y otros lugares de la Región de Tarapacá, además de la ayuda de las personas y organizaciones, es necesario que haya una respuesta inmediata y eficaz de juntas de vecinos, clubes deportivos, bailes y cofradías religiosas, iglesias y comunidades de base de diverso tipo, centros de alumnos, las cuales pueden y deben dar apoyo a estas personas. Aún no hay albergues habilitados, el Colegio de Profesores improvisó un alojamiento temporal en sus dependencias, médicos independientes están haciendo lo que pueden.

En un contexto de transición política efectiva, será necesario articular agrupaciones, organizaciones y colectivos que, en reemplazo de aquellas que fueron desmovilizadas por los gobiernos posteriores a la dictadura,  permitan generar, apoyar y fiscalizar la aplicación de los necesarios cambios. Los que deben ser de base, de conciencia y de prácticas cotidianas. El nunca más sin nosotros, implica articular ese sentimiento colectivo y movilizarse en los espacios y los grupos de afinidad. Y en ese contexto, nuevamente la movilización y el asambleísmo se vuelven una respuesta concreta, como lo demuestran la Asamblea Abierta de Migrantes y Pro migrantes de Tarapacá (AMPRO), el Movimiento de Acción Migrante (MAM) y la Coordinadora de Migración en Chile, entre las más importantes.

Tarapacá, la región con mayor porcentaje de migrantes histórica y actualmente, ha sido y es un territorio pluricultural que ha acogido a personas de distintos países del mundo. Es honra de sus ciudadanas y ciudadanos proteger los que crecen, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco poniéndole una estrella en el sitio del hambre. Como canta Mercedes Sosa, “De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo, ensayar en la tierra la alegría y el canto, porque de nada vale si hay un niño en la calle”.

La solidaridad y amor de quienes trabajan día y noche posterior a los recientes actos de xenofobia, luchan porque eso se haga efectivo. Es urgente un trabajo articulado, ya que son muchos y muchas los que diariamente siguen entrando a Chile. El Tarapacá xenófobo ha destapado al Tarapacá solidario, mucho más fuerte, consiente y cuidadoso con los otros y otras.