Periodismo migrante: La responsabilidad de dar voz

Ser migrante y dedicarse a la profesión periodística implica un compromiso permanente, una agudización de la percepción, del oído y de la vista. Es esforzarse por  destruir las  fronteras, por   hermanar las causas, sentirlas y hacer que el lector las sienta.

Ser periodista migrante es la oportunidad de contar, de contarnos a nosotros mismos para encontrarnos, es la pertinencia de retratar los ojos, las sonrisas, las manos de la gente, es fascinarse con las historias detrás de esos gestos. Es escudriñar en nuestra historia latinoamericana para entender lo que nos atraviesa como región. Ser migrante y dedicarse a la profesión periodística implica buscar la forma de romper los prejuicios, la xenofobia, el dolor, la amargura y la falta de empatía que nos hicieron naturalizar a través de las fronteras.

Soy migrante y periodista

Vivo en Argentina hace cuatro años, decidí venir a Chile cuando empecé a ver la manera  macabra en la que se estaban violando los  derechos humanos,  vine a asumir la responsabilidad  que como periodista migrante me adjudique. Me encontré, por un lado, con un  gobierno ausente de palabra y sumamente violento en su accionar  a través  de los carabineros, con la prohibición del canto, de la expresión, de cualquier manifestación pacífica, me encontré el sonido perturbador de las botas militares que patean  y que arremeten su paso marchante y peligroso hacia la población, me encontré con las armas químicas  que están siendo utilizadas  y que pretenden acabar con la salud de las personas.

Por otro lado me encontré con la historia de un Chile que despertó, un país que ya se  venía arando varios años atrás y que hoy el resto del pueblo reforzó. Encontré la solidaridad, los encontré viéndose a los ojos, los encontré en las calles, los encontré unidos, siendo libres a pesar de que esté prohibido, resistiendo ante las balas y me encontré con el paso firme de la primera línea, con sus historias de vida, con el amor y la convicción con la que ponen el cuerpo, hasta el último momento, la valentía de los abuelos de volver a salir a las calles y apoyar la protesta aunque esta sea la segunda vez que el dolor de la represión se instala en sus cuerpos, los abrazos, la rabia digna, la capucha reivindicada, la palabra dada y la alegría rebelde.

Como dice Ryszard Kapuscinski, para ser periodistas necesario ser buena persona, “porque el trabajo depende de las personas,  es una obra colectiva”. La responsabilidad del periodismo no pasa por la primicia, por lo menos no para los que escogemos este camino en la profesión. La verdadera responsabilidad pasa por poder ver más allá, esa es la complejidad real, escuchar. En su dolor,  en sus sueños, en  sus esperanzas y en sus ilusiones, porque es ahí donde aparecen las denuncias, donde podemos encontrar la forma de escribirlas, porque como decía Alfredo Molano, “la gente cuenta cuando se le oye y lo hace con una sinceridad limpia, cuenta lo pasado como si lo estuviera viviendo en el presente  y lo hace con generosidad, con soltura, con fuerza. La dificultad pasa cuando el que escribe, no oye, porque esta aturdido  por juicios y prejuicios”.

Esa es nuestra responsabilidad como periodistas migrantes,  romper los cercos mediáticos de los cuales somos víctimas en todo nuestro continente, contar la historia desde las voces que las viven.

Venir a Chile, fue ver en marcha un proceso, un atardecer en plaza dignidad colmado de resistencia, un año nuevo de esperanza, unas paredes donde  escribe la historia, las historias de vida de sus protagonistas, las voces de la realidad que han sido  ignoradas y estigmatizadas, la valentía de un pueblo al que le quitaron todo y el miedo ya  no hace eco, porque lo convirtieron en lucha, conocer la historia que aún no  se ha contado, la de los presos políticos, la de sus familias.

En conclusión, ser periodista migrante es la responsabilidad que no nos podemos negar, porque es la posibilidad de hacerle contrapeso a los medios que protegen los intereses del capitalismo.Ser periodista migrante es la responsabilidad de dar voz.