La alegría ya llegó

22 años en Chile, maravillado inicialmente por un país aparentemente en calma, sin guerra como la Colombia que dejé. Feliz de andar en metro, de salir en la noche a caminar sin tanto temor, con la vista de los andes nevados en invierno y la posibilidad de llegar al mar en 2 horas. Pero de a poco, se va corriendo el velo y se descubre una realidad fabricada por el marketing, una construcción social de la realidad anómala. Tanta tranquilidad, tanta pasividad aparente que en momentos daba susto.

En el fondo, en la intimidad del hogar de los conocidxs chilenxs había frustración, desesperanza. La consigna que trajo de vuelta la democracia: La Alegría ya viene… parecía que nunca llegó. El sistema se impuso y como diría Tomas Moulian, los chilenos pasaron de ciudadanos a consumidores, se trastocó el espíritu esencial de la sociedad. Más preciado el tener una tarjeta de casa comercial o una tarjeta de crédito que te permitía soñar con tener, más que con ser. Un Chile aspiracional y emprendedor; pero endeudado, desigual, clasista, injusto. Un país solidario en la teletón, pero poco solidario con sus pueblos originarios. Un país pequeño, pero ejemplo para Latinoamérica. Los jaguares.

Octubre el mes en que todo cambio. Algo pasó, el miedo a hablar fuerte, a llamar la atención, el miedo a la autoridad, el miedo al otro, el miedo a la calle, al vecino…. se diluye. Hoy lxs habitantes de Chile cumplimos más de un mes aprendiendo a ser ciudadanos con voz, una voz fuerte que se ha hecho escuchar no solo en Latinoamérica, sino en el mundo. Pareciera que la alegría está llegando, justo cuando da más alegría ir a la Plaza de la Dignidad que en ir al Mall.

Y aquí figuramos lxs alienigenas, lxs extranjerxs, lxs viajerxs, lxs migrantes, buscando un espacio, una oportunidad en estas tierras que por momentos es amable y por momentos salvaje. Figuramos el 21 de noviembre, con un poco de temor al principio, paradxs frente a la embajada de Colombia, apoyando un paro nacional en nuestra tierra, que también se convirtió en un despertar de un pueblo adormecido por la guerra.

El 21de noviembre, lxs colombianxs partimos de la embajada, nos fuimos al centro, nos conocimos, nos re-encontramos en la calle. Con banderas, lienzos, con alegría, caminamos por la Alameda tomada por lxs ciudadanxs y gritamos por las injusticias en Colombia y en Chile, gritamos por los 700 y tantos líderes y lideresas asesinados después de la firma de los acuerdos de PAZ. Marchamos y fuimos acogidos, vitoreados por nuestros hermnxs Chilenxs, caminamos orgullosos casi hasta la Plaza de la Dignidad.

Ahí estábamos, en el Baile de Lxs Que Sobran, siendo hermnxs, siendo ciudadanxs sin miedo (o no tanto) con la esperanza de tener un futuro mejor, un futuro con dignidad, un futuro juntxs, un futuro sin discriminación, con la esperanza de ser ciudadanxs de pleno derecho acá también. Aprendemos a ser comunidad, a dejar la impotencia, la sensación que no se puede cambiar nada y que somos peones del sistema. Pasamos de vivir en la competencia a vivir un poco más unidxs. Parece que es posible un desarrollo a Escala Humana (gracias, Max-Neef).

Ecuador, Chile, Colombia, Honduras, Bolivia, Catalunya, etc. nos levantamos, nos despertamos, nos salimos del teclado y del espacio público virtual y nos vamos a la calle, en donde la suma de cuerpos nos da sentido de pertenencia. Latimos con un solo corazón, latimos con muchos corazones. Somos América.

Aún falta camino, no sabemos si esta alegría es pasajera. Pero no importa. Lo marchado, lo gritado, lo bailado no nos lo quita nadie.