Alguien grita en Santiago y el eco se escucha en Barcelona. Suena un murmullo, algo pasa en Latinoamérica, scroll, likes, la vida sigue. ¿Dónde serán las próximas vacaciones? Quizá en Bolivia para tomar yagé con los indígenas, o en Nigeria para hacer rituales ancestrales con tribus africanas. En esta época donde la moral y lo ético se discuten en el escenario de lo público, lo políticamente correcto le apuesta a un falso progresismo, en el que la “apertura mental” y el “intercambio cultural”disfrazan el exotismo colonial que convierte al otro en espectáculo.
Grandes letreros en el metro de Barcelona invitan a conocer tribus africanas, mientras se observan elefantes, jirafas y demás especies en vías de extinción; las agencias de viajes prometen fotografías exclusivas con atuendos de plumas y flechas al hombro para sus visitantes. Ahora está de moda que para ser cultos hay que mirar al tercer mundo. ¡Cuidado! Pero mirarlo de lejos, con la distancia natural que impone la jerarquía heredada.
Detrás de una pantalla quedan los líderes desaparecidos en Colombia, las protestas de Chile y los indígenas asesinados en Bolivia; titulares que acumulan ‘shares’ y van quedando en el vacío, porque al final son territorios ajenos al dolor y esclavos del poder. Países que hoy se desbordan por políticas neoliberales que masacran los derechos humanos y sociales; tierras sembradas por unos y saqueadas por otros; pulmones secos, venas abiertas.
Varias empresas se unen a la tendencia del postureo contemporáneo y crean campañas con imágenes de niños afrodescendientes en empaques de papel higiénico: Un euro por su sonrisa. Tal vez sea un intento inconsciente por limpiar su conciencia, o el deseo manifiesto de expresar su interés por el tema. Lo cierto es que en este juego, para unos simbólicos, para otro real, lo que único importante es seguir sumando.
Un juego de sumas y restas, qué me das y qué te quito. Cuando de las fotos exóticas pasamos a la apertura real y cotidiana, la integración cultural resulta ser el abandono de las costumbres, lenguas y creencias de un lado, para aceptar sin reparo las del grupo dominante, porque al igual que hace un par de siglos, son ellos los que ostentan el progreso y la civilización.
América latina y el mundo entero siguen gritando. Al otro lado: Clic, pose, like.