El martes 12 de noviembre el presidente Sebastián Piñera realizo una nueva alocución acompañado del Ministro del Interior Gonzalo Blumel y la vocera del gobierno Karla Rubilar, esto frente a la frenética evolución de los hechos. En esta ocasión se refirió a tres temas que denominó Acuerdos. El primero de ellos relacionado según el con la Paz, y que tiene por objetivo CONDENAR la violencia y a TODOS quienes directa o indirectamente la impulsen, la avalan o la toleran. Sin profundizar más sobre la gigantesca contradicción que significa relacionar la paz con la criminalización a la protesta social y a quienes participen de cualquier manera en ella, paso al Acuerdo que denomino de justicia que definió escuetamente como una agenda social frente a la desigualdad sin entregar mayores detalles. A su vez, y frente a lo inevitable sugirió un Acuerdo por una nueva Constitución dentro del marco de la institucionalidad con participación ciudadana.
En esta ocasión no agradeció a Carabineros de Chile como era su costumbre desde el 18 de octubre. Esto dejo en evidencia el distanciamiento del Ejecutivo con las Fuerzas Militares, se vislumbraba un nuevo Estado de Emergencia y la militarización de las calles, frente a las nuevas movilizaciones que ocurrieron en todo el país, a cambio el presidente instó a todos los sectores a recurrir a la paz.
El día domingo 17 de noviembre frente al murmurado pero evidente distanciamiento con las Fuerzas Militares el presidente tuvo que reconocer en una nueva alocución presidencial, que estuvo contemplando un nuevo Estado de Emergencia constitucional, lejos de reconocer sus diferencias con Carabineros, hizo alusión al escudo chileno al afirmar que eligió la razón y la paz por sobre la fuerza. Aquí volvió a agradecer a las Fuerzas Armadas pero esta vez reconociendo que no se respetaron los protocolos, que hubo uso excesivo de la fuerza, que se cometieron abusos y que no se respetaron los derechos de todos. Sin dejar de llamarlas “nuestras Fuerzas Armadas”, afirmo que seguirían las investigaciones y sumarios administrativos que enfrentan las Fuerzas Armadas por los excesos de violencia, dejando un manto de duda sobre el juzgamiento a los involucrados.
Cabe destacar la insistente alusión que ha hecho el Presidente Sebastián Piñera en sus intervenciones a Dios, sus discursos concluían la mayoría de las veces, sino siempre, con un “Dios bendiga a Chile y a los chilenos”, algo que podría pasar desapercibido, sino fuera por lo que esto significa, una verdadera tendencia por agradar a los sectores políticos más conservadores. En este sentido el Concilio Nacional de Iglesias Evangelicas de Chile (CONIEV) ha manifestado el apoyo total al Presidente Piñera, ha acusado a los manifestantes de “vándalos” y “siervos de las tinieblas” y ha hecho un llamado a restablecer el orden público como voluntad de Dios para la sociedad, apoyando a su vez a las Fuerzas Armadas y a los Carabineros. Un gesto político significativo si recordamos la encuesta Bicentenario (noviembre 2018) que dio como resultado que el 16% de los chilenos se adscriben a la religión evangélica, en palabras del historiador Marcial Sánchez “los catastros demuestran que existen entre 3.200 y 3.600 iglesias evangélicas a lo largo del país”.[1]
Este sector político ha demostrado una gran capacidad de influir en el poder político y económico del estado chilenorespaldado por una amplia base popular. Como férreos opositores del aborto, el matrimonio igualitario y la eutanasia, no cabe duda que jugaran un papel fundamental en el ajedrez que esta por jugarse.
El domingo 24 de noviembre el Presidente Piñera realiza una nueva alocución presidencial esta vez desde la Escuela de Sub – oficiales de Carabineros, con el propósito aparentemente de despejar los rumores que se venían incrementando sobre el distanciamiento con las Fuerzas Armadas, allí informo sobre un proyecto de ley que tiene por objetivo integrar a las Fuerzas Armadas con Carabineros para proteger puntos críticos de servicios básicos, sin la necesidad de generar un decreto de Estado de Excepción Constitucional, lo que significara la militarización y represión intensiva a la movilización social. Sin embargo, lo que más llamaría la atención fue el lapsus que sufrió el Presidente a la hora de hablar sobre la Agenda Social y los acuerdos alcanzados con la “oposición”, se refiere a la necesidad de un nuevo acuerdo que permita en sus palabras “hacer lo que todos los chilenos nos están pidiendo, un acuerdo por la paz y contra la democracia”, frase que corrigió rápidamente con la idea de que pasara desapercibida. A pesar de su lánguido esfuerzo por controlar la situación, a esta altura sus palabras no parecen suficientes y sus propuestas carecen de sentido común, lo que profundiza aún más la crisis social y el fracaso político de su mandato.
[1]https://www.emol.com/noticias/Nacional/2019/04/22/945477/La-realidad-de-los-evangelicos-en-Chile-y-el-alcance-del-poder-del-obispo-Duran-mas-alla-de-Jotabeche.html