Casa Columnas ¡Cuidamos tu familia, y así nos esclavizas!

¡Cuidamos tu familia, y así nos esclavizas!

¡Cuidamos tu familia, y así nos esclavizas!

Es la consigna del Sindicato Nacional Unitario Interempresa de trabajadoras y trabajadores de casa particular, que nos habla de la precariedad de las mujeres que trabajan puertas adentro. Según la dirigente Emilia Solís Vivanco, el 90% de los sindicalizados son mujeres migrantes de origen peruano, dominicano y colombiano. La ausencia de redes de apoyo y un lugar donde dormir, las enfrenta a extenuantes jornadas de trabajo, acoso laboral, acoso sexual, subcontrato, y en muchos casos el incumplimiento al pago de sus imposiciones. No es una exageración el uso de la categoría esclavitud en sus consignas, las mujeres trabajadoras de casa particular, muchas de ellas racializadas y discriminadas en otros sectores productivos, experimentan la deshumanización de sus cuerpos al laborar hasta 12 horas diarias. 

Para ellas la jornada de trabajo empieza temprano, levantando y alistando a los niños y niñas de sus empleadores, quienes en ocasiones las violentan e inferiorizan consientes tempranamente de sus privilegios. La necesidad de un empleo y lugar donde vivir les exige pasar por alto un sinnúmero de agresiones, trabajar su emocionalidad permanentemente, para buscar un lugar de dignidad, en la principal estructura dominación patriarcal. Con años de trabajo (las nanas como le llaman en Chile a las trabajadoras de casa particular),  se ganan un lugar de confianza en la familia, lo que significa como desde el inicio sus 12 horas de jornada laboral, más un vínculo afectivo con las y los empleadores, que nos indica la existencia de la estructura capitalista y la presencia permanente de las relaciones de poder en las relaciones sociales y afectivas. De ahí la claridad política de la consigna, ¡cuidamos tu familia, y así nos esclavizas!, al hacer manifiesta la relación del cuidado con el afecto, como expresión de lo humano y su encarnación en los cuerpos migrantes y la retribución deshumanizante de los empleadores y empleadoras, padres y madres, que muchas veces pagan con violencia el cuidado de sus hijos e hijas.

A pesar de que Chile ratifico el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos (C189 – 2011), la falta de fiscalización eficaz de la implementación de este Convenio, así como la falta de implementación y fiscalización del Convenio sobre los trabajadores migrantes (1975)(Núm.143), que también ratifico Chile, ha permitido la consolidación de la casa – empleo, como espacio por excelencia de privación de los derechos de las trabajadoras migrantes.

Las historias de vida de estas mujeres migrantes representan, para este periodo, la densidad de las relaciones de poder de la sociedad chilena, que creía  en su paternalismo al emplear a mujeres migrantes mapuche, y ahora, también con las mujeres migrantes que cruzan la frontera. Se habla del “favor” al emplearlas, conscientes del empobrecimiento que experimenta ellas y sus familias y la falta de garantías y fiscalización del estado que firma Convenios Internacionales para protegerlas, para luego incumplirlas.    

La experiencia histórica de estas mujeres migrantes mapuche, chilenas empobrecidas, peruana, dominicana, colombiana, entre otras nacionalidades, es ejemplo de la anticipación del poder que resulta tener la huelga que se avecina y la lucha que continua. Una visión del poder en que el que se articulan las luchas por la tierra y el despojo histórico que han experimentado las mujeres de sus territorios y que las ha obligado migrar, la lucha por unos sueldos equitativos determinados por las funciones del estado, el empresariado y los empleadores, una lucha por la emancipación de una servidumbre histórica en nuestro continente que, con toda la diversidad de sus instrumentos y códigos de sujeción, esta unificada por un ejercicio de autoridad de predominio masculino. Una lucha en la que las mujeres trabajadoras son protagonistas de los cambios, más que beneficiarias de los designios y las iniciativas masculinas.

Sabemos que para muchas mujeres migrantes y trabajadoras la huelga es una quimera, la explotación laboral que experimentan las aleja de los espacios públicos, aun así las organizaciones y sindicatos de mujeres migrantes han lanzado su voz comprometidas a escribir su propia historia.

LA HUELGA FEMINISTA VA!