No deja de sorprender la amplia difusión de la “celebración del día de la mujer” cada 8 de marzo, donde nos invaden con mensajes de felicitaciones, agradecimientos y regalos en nuestros ámbitos privados como por y desde los medios de comunicación masiva.
Hace 30 años, era casi subversiva esta conmemoración. Ver a mujeres y hombres portando una flor roja, símbolo de la lucha de género por acceder en igualdad a los derechos que gozan los varones, era raro por decir lo menos. Y las manifestaciones estaban asociadas a grupos específicos de la sociedad, como los estudiantes, agrupaciones de mujeres –mención especial requiere el MEMCH-, agrupaciones de defensa de los derechos humanos.
Hoy en día, en cambio, observamos la amplia difusión en la sociedad de este día, asociado a la celebración de la mujer, que recibe regalos, felicitaciones por su abnegación en su rol de madre, mujer y trabajadora.
Y parece necesario recordar que los hechos sucedidos a mediados del siglo XIX, ese 8 de marzo de 1857 en Nueva York, requiere un tono de solemnidad y de conmemoración por lo sucedido. El conmemorar implica recordar para reflexionar y agradecer los avances alcanzados. También significa continuar para proyectar acciones e ideas que den continuidad al cambio social en que estamos inmersos, para que el reconocimiento de la mujer como sujeto pleno de derechos conforme a las garantías constitucionales declaradas en los tratados internacionales, como la .Convención Sobre Nacionalidad de la Mujer de 1933, Convención Sobre los Derechos Políticos de la Mujer de 1952, Convención Sobre los Derechos Políticos de la Mujer: de 1967, Convención Sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (C.E.D.M.) de 1981: Convención Interamericana Para Prevenir, Sancionar, y Erradicar la Violencia contra la Mujer “CONVENCIÓN DE BELEM DO PARA» de 1995 y Cuarta Conferencia Mundial de Beijing:, puedan ser vividas en el día a día.