La película “Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?” es una divertida defensa de los inmigrantes de origen musulmán, judío, asiático y africano. El éxito que ha alcanzado en poco tiempo es una bocanada de oxígeno para Francia, país que se plantea numerosos interrogantes sobre su modelo de integración.
Más de cinco millones de espectadores en Francia en escasas tres semanas: es un debut prometedor para la comedia de Philipe de Chauveron “Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?” (¿Qué le hicimos a Dios?). La cinta podría convertirse en una de las más taquilleras de los últimos años en este país. El fin de semana pasado se ubicó, además, como la octava cinta más rentable en el mundo, detrás de las superproducciones Frozen y Divergent.
La cinta cuenta la historia de una pareja francesa, católica, tradicional y de provincia, cuyas cuatro hijas se casan sucesivamente con un musulmán, un judío, un chino y, para terminar, con un católico… africano. A pesar de que abundan los estereotipos y los chistes racistas, el director logra suscitar no sólo las carcajadas sino también la simpatía de los espectadores.
El director se atreve incluso a poner a cantar la Marsellesa al protagonista, Monsieur Verneuil (el actor Christian Clavier), un notario admirador del General de Gaulle, delante de sus yernos de origen extranjero. La escena es un himno a la integración que contrasta con el ambiente político que vive Francia en este momento. En particular, el repunte de la xenofobia y el racismo. Los buenos resultados del ultraderechista Frente Nacional en las encuestas hacen temer que este partido ocupe el primer lugar en las elecciones europeas del próximo 25 de mayo.
El éxito de esta película no es seguramente ajeno al hecho de que es una repuesta optimista, con mucho humor, a este panorama inquietante de desconfianza frente a los inmigrantes. De hecho, es gracias a las recomendaciones de boca en boca que la cinta ha logrado los excelentes resultados en las taquillas.
Además, desmintiendo el viejo cliché de que las comedias francesas siempre terminan mal, la película de Philippe de Chauveron deja un dulce sabor en la boca: un final feliz en el que las distintas comunidades se reconcilian y son bienvenidas por el país de adopción.
Fuente: Isabel López
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