Autora: Delia Curahua Huerta
Quisiera empezar por rendir un homenaje a todas aquellas mujeres que fueron asesinadas aquel mes de marzo en la ciudad de New York en la fábrica textil. Mujeres descendientes de o migrantes, porque durante la época, fines de 1800, Estados Unidos al igual que muchos países de centro y sur América, eran destino de migrantes que venían de todas partes de Europa, escapando del hambre y la peste. Fueron aquellas mujeres obreras las que acompañaron a los obreros en las luchas por la conquista de las 8 horas y los derechos laborales. Fueron las migrantes las que destacaron en esas luchas y que dejaron su cuota de sacrificio.
En estos tiempos, se tejen esfuerzos para no olvidar nuestra historia, pese a la gran campaña consumista que nos desvía hacia lo que no somos en realidad: objetos de uso. Mientras el modelo económico neoliberal sigue persistiendo en su incesante voracidad para seguir manteniéndose, muchas mujeres se ven desplazadas y salen a buscar trabajo fuera de sus países, dejando de cuidar a sus hijos para cuidar a los hijos de otras, siendo perseguidas como delincuentes cuando ejercen el comercio ambulatorio como una alternativa para poder subsistir. Cayendo a veces presa de mercaderes de personas que trafican con las necesidades de la gente, empujando sobre todos a mujeres y niñas al abuso y explotación sexual y laboral. Muchas mujeres han sido víctimas directas sin que los Estados hayan sido capaces de detener esto (como en Tijuana o en Medio Oriente).
Mientras se siga utilizando a las mujeres como objetos de consumo y vayamos perdiendo nuestra condición de personas con derechos, seguiremos alimentando a ese monstruo que se extiende en todo el mundo.
Muchas veces no nos damos cuenta de que la calificación de “vulnerabilidad” que “los investigadores” nos acuñan, no revelan la causa principal de ésta, es más un velo para ocultar las grandes diferencias económicas y del ejercicio de poder machista que somete no solo a las mujeres, sino además a la clase trabajadora que cada vez más ha ido perdiendo derechos. Solo cuando las mujeres podamos tener conciencia de nuestro verdadero rol, de ser protagonistas de cambio y desarrollo, participando y organizándonos, estaremos caminando hacia la igualdad de derechos. Ese camino, lo construiremos nosotras cada vez que vayamos venciendo prejuicios y miedos, cada vez que sigamos uniendo esfuerzos para salir adelante.
¡POR UN DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER CON RESPETO A SUS DERECHOS HUMANOS!