El pasado 6 de Febrero hubo un intento de ingreso irregular de al menos unas 250 personas en el paso fronterizo entre Marruecos y la ciudad de Ceuta. Estas personas, provenientes en su mayoría de países al sur del Sahara, aguardaban en la frontera a la espera de un ingreso masivo, que en primera instancia se intentó por tierra, pero al ser repelidos con material antidisturbios se lanzaron al agua para ingresar directamente al territorio español por la playa del Tarajal.
Dentro del mar, la Guardia Civil española decidió disparar pelotas de goma, lo que sumado al miedo y el caos de la situación en sí, contribuyó indirectamente en la muerte de al menos 15 personas por ahogamiento. Al principio la Guardia Civil negó que algún inmigrante pisase suelo español, pero un video casero demuestra como 8 personas llegaron a nado a orillas de la playa, lo que desmiente la versión entregada por este cuerpo estatal.
El conflicto mediático no se hizo esperar, puesto que en el video se ve como estas personas fueron llevadas por la línea de playa para ser entregadas a la gendarmería marroquí, convirtiéndose entonces, en una expulsión irregular, puesto que se les negó la posibilidad de pedir asilo político y refugio – considerando que la mayoría de estas personas provienen de países en conflicto – de este modo se les dejó sin la protección internacional, y lo que es más, fueron enviadas a un país en donde se cometen abusos contra los inmigrantes (palizas, robos, etc.) tal y como detalla el último informe ¹ de la ONG “Human Rigths Watch”.
La Guardia Civil se excusa en que la devolución no fue irregular debido a que existe entre España y Marruecos el “Acuerdo de tránsito y readmisión de extranjeros entrados ilegalmente”, lo que permite en palabras simples, que Marruecos se encargue del “problema” y haga por tanto, el trabajo sucio.
Muchas voces se han hecho escuchar a lo largo de estos días, en su mayoría de rechazo, puesto que a pesar de que cada país es responsable de la regulación de sus fronteras, éstos deben garantizar los derechos fundamentales de las personas, incluso ante ingresos irregulares, puesto que así lo estipula el código de extranjería existente.
Lamentablemente, también hay posturas que defienden éstas acciones inhumanas, apelando a que no se les puede abrir las puertas a este “mar de subsaharianos” ², que sólo vienen a quitar lo que por siglos Europa y sus países han conseguido con tanto “esfuerzo”. Algunas de estas posiciones han tenido bastante cabida en ciertos canales de la televisión española, en donde se han formulado discursos como los siguientes: “España no tiene ninguna deuda con el continente africano (…) no debemos admitir a delincuentes subsaharianos que buscan el contacto con el hombre blanco (…) su pobreza es la consecuencia de su falta de organización (…) si fuésemos Alemania esto no sucedería”
Me parece al menos paradójico que se utilicen estos argumentos. Al parecer, los países europeos siguen en su estado de eterna amnesia selectiva, negando de este modo las consecuencias de su proceso de “conquista” en África – en los que España también participó – que obligó a modificar sistemas económicos, políticos y sociales, imponiendo lenguas, religiones y culturas ajenas a sus pueblos. Las grandes potencias no recuerdan los continuos saqueos de recursos naturales, la utilización de su gente como fuerza de trabajo para abastecer a las modernas ciudades europeas, como tampoco recuerdan cuando dejaron a estos países a su suerte, en manos de tiranos locales que han perpetuado un clima de inestabilidad.
Paradójico también resulta que a pesar del petróleo y los muchos recursos minerales con los que cuenta África, sea el continente con los 10 países más pobres del mundo, donde el 80% de su población vive con menos de 1,5€ al día. Hablamos de un continente conocido por sus golpes de estado, sus conflictos entre grupos étnicos, sus altos niveles de corrupción, su desigualdad abismante y su inestable economía agrícola, lo que produce una inseguridad alimentaria importantísima. Ciertamente, podría seguir explicando la situación precaria e inhumana –que todos conocemos- que viven millones de personas en África, que lleva a que muchos emigren en busca no sólo de nuevos horizontes, sino más bien, de una oportunidad para sobrevivir, aunque esto implique arriesgar su vida en el intento.
África no es un continente pobre, por el contrario, ha sido un territorio explotado y empobrecido por muchos de los países que desde hace décadas le dan la espalda. Resulta increíble que un sector importante no posea ni la más mínima empatía con aquellos que buscan escapar de un clima hostil, acto que por cierto, no los convierte en delincuentes.
Creo que comentarios como los mencionados anteriormente, sólo contribuyen a fomentar la xenofobia, el bloqueo continental y la proliferación de partidos políticos de ultra derecha, como ya viene pasando en países como España, Grecia, Francia, entre otros; la UE no puede seguir haciendo oídos sordos ante esta problemática, los derechos humanos de todos deben ser respetados, incluso para ese grupo de países olvidados al sur del desierto del Sahara, que hoy por hoy, son llamados Subsaharianos.
1 “Abusados y expulsados: malos tratos contra inmigrantes subsaharianos en Marruecos”.
2 El concepto de “subsahariano” alude a aquellas personas que provienen de países ubicados al sur de la línea del Sahara. Mediáticamente este concepto se utiliza para referirse a lo que antiguamente se denominaba “África negra”, ya que se entiende como un concepto más políticamente correcto. (En mi opinión es al menos contradictorio que se use un límite geográfico como si fuese identitario, puesto que se están obviando por ejemplo diversidades religiosas, étnicas, culturales, etc.)