Ya es un hecho: Venezuela ha logrado finalmente entrar al Mercosur. Sin embargo, el trayecto recorrido no fue nada sencillo para Hugo Chávez, puesto que las dudas en torno a su figura, su régimen y su posible influencia en materias centrales como economía y política exterior, alertaban a los distintos Estados que forman parte del Mercosur. De esta forma somos testigos de una tarea titánica que comenzó a gestarse hace diez años y que en 2006 obtuvo la aprobación de los mandatarios de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Pero no bastaba con ello, ya que se requiere la aprobación delos parlamentos de los respectivos Estados miembros, para que en última instancia se ratifique la entrada de un país al “mercado común”. Desde entonces, Paraguay se reservó el derecho de impedir la llegada de Venezuela. De nada valían las fotos y alianzas del depuesto Fernando Lugo junto a Hugo Chávez, ya que el mandatario paraguayo siempre estuvo en desventaja en el congreso, lo que explica de forma evidente el “golpe de Estado parlamentario” contra Lugo.
Autor: Felipe Olivares*
Curiosamente, la historia que se tejió entre Fernando Lugo y Federico Franco en Paraguay guarda relación directa con la entrada de Venezuela al Mercosur. La destitución de Lugo por parte del congreso de su país dejó una pésima sensación en la región, y en última instancia motivó que los miembros, tanto del Mercosur como de Unasur, decidieran suspender a Paraguay de estos organismos de cooperación hasta que se celebren elecciones democráticas en dicho país.
Fue así como en la cumbre del Mercosur del 28 de junio realizada en Mendoza se decidió suspender a Paraguay, dejando terreno fértil para que en la misma instancia Venezuela hiciera su entrada al bloque, siendo ratificada un mes después en Rio de Janeiro.
Franco y su gabinete no permanecieron impávidos luego de la suspensión de su país de los organismos internaciones, alegando que el proceso en Paraguay fue legítimo, legal y que Mercosur ha decidido sacar al hermano pobre para meter al tío rico. Pero esto de nada sirvió. Por contradictorio que sea, en tres semanas de gobierno de Franco se logró lo que Lugo en casi cuatro años no pudo concretar, la entrada de la República Bolivariana al bloque.
El proceso que compete ahora a Venezuela tiene que ver con aspectos técnicos, como por ejemplo el tiempo en que demorará el gobierno de Chávez adoptar el Arancel Externo Común (AEC) y la Nomenclatura Común del Mercosur (NCM). Estas modificaciones tienen carácter profundo, principalmente en materias aduaneras y de cobro de aranceles. Todos forman parte de un acuerdo en conjunto y del compromiso entre las partes para alcanzar un consenso en cuanto al nivel del Arancel Externo Común de Mercosur, el cual hoy en día tiene una variación estimada entre 0 y 20% de acuerdo al tipo de los productos provenientes fuera del bloque.
Solo el tiempo nos develará las reales consecuencias de la entrada de Venezuela al Mercosur. Mientras algunos analistas ya vaticinan que se podrá generar una complementación del tipo energética y un impulso industrial, desde Brasil ya han comenzado las revisiones al mercado venezolano, ya que Caracas tendría alrededor de 230 códigos de productos en condiciones de comercializar en el Mercosur. Paralelamente, Chávez se ha mostrado muy optimista y prometió apoyar las empresas venezolanas, dándoles un perfil exportador, junto con la creación de un fondo de carácter estratégico para afrontar las exportaciones y dando atisbos de abrir el mercado a inversiones privadas.
Sin embargo, las dudas existentes parecen ser contundentes. Por un lado, hay pesimismo respecto al rol y la importancia que presta Mercosur para el desarrollo regional. Esta teoría ha cobrado fuerza con las constantes disputas y restricciones que Brasil y Argentina se han interpuesto mutuamente en materia comercial, mientras que los países más pequeños del bloque, Uruguay y el recientemente suspendido Paraguay, parecen no alcanzar la misma simetría comercial que Argentina y Brasil. Produciéndose una lucha de David contra Goliat.
A nivel de bloque, el Mercosur ha sido incapaz de mostrarse como un mercado interesante al mundo, principalmente por una serie de desaciertos políticos. Un claro ejemplo de esto, es la negociación con la Unión Europea que en casi diez años el Mercosur no ha sido capaz de cerrar. Y si ponemos sobre la mesa algunos antecedentes actuales, como la expropiación de la filial de Respsol en Argentina (YPF) una de las mayores transnacionales españolas, o el escaso diálogo entre Venezuela y algunos países de la Unión Europea, presenciamos una serie de elementos que pueden entorpecer una negociación de carácter comercial más que beneficiarla, puesto que, no se estarían dando garantías dentro de la política doméstica de cada miembro de Mercosur, que permitan una apuesta por un acuerdo en conjunto.
Otro de los temores o dudas, tiene directa relación con la figura de Hugo Chávez y la pérdida de credibilidad que enfrentará el bloque con la inclusión de Venezuela. Las dudas que despierta Chávez, tienen sus raíces en la errática y constante pugna que mantiene con Estados Unidos desde una perspectiva ideológica. Mientras sus declaraciones y emplazamientos tienden a ser exageradamente remarcados por los medios de comunicación, logrando desdibujar la figura del Mandatario. Un claro ejemplo de esto, es la forma en que muchos analistas y en particular aquellos Estados que se enmarcan bajo la lógica de la lucha contra el terrorismo, califican la relación entre Hugo Chávez y el presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad. De esta forma, la personalidad extrovertida y directa de Hugo Chávez levanta muchas dudas en su inclusión al bloque y a la vez, no garantiza que se pueda llegar a desarrollar grandes acuerdos comerciales. No olvidemos que el Mercosur existe ante la necesidad de integrar mercados y encontrar un desarrollo económico que se pueda sustentar en el tiempo, buscando una voz conjunta de los países latinoamericanos, y en ninguna instancia, serviría para ser vitrina política o ideológica de un Estado en particular.
En un dato no menor, el Mercosur posee un acuerdo de libre comercio con el Estado de Israel, con el cual el gobierno de Chávez rompió relaciones diplomáticas en el año 2009. En base a esto, parece razonable cuestionar si Venezuela logrará encontrar un equilibrio entre el desarrollo y progreso colectivo de un bloque al cual ha decidido sumarse voluntariamente, y su lucha por combatir la avanzada neoliberal. ¿Se verá reforzado el Mercosur con la inclusión de Venezuela? ¿Su entrada garantiza la puesta en marcha de grandes acuerdos comerciales? ¿O su inclusión implica una nueva era para el Mercosur? Solo el tiempo nos dará la respuesta a estas interrogantes.
*Cientista Político de la Universidad Central, Diplomado en Política Mundial de IDEA USACH