Autor: Claudio Muñoz
Los procesos migratorios la mayoría de las veces tienen características que los hacen particulares, dependiendo de la situación que motiva al migrante a dejar su país de origen, ya sea por factores socio-políticos, étnicos-religiosos, económicos y geográficos; sin embargo, en la generalidad de estos procesos, se observa y analiza a la migración con motivaciones eminentemente laborales.
Algunos procesos migratorios se caracterizan por recibir población migrante de variadas nacionalidades, como lo que sucede en la actualidad con la migración en países como España, Francia e Italia, donde la migración es multicultural proveniente de distintos lugares del mundo. Latinoamérica (Argentina, Perú, Ecuador y Colombia), el Norte de África (Argelia, Túnez y Marruecos), Europa del Este (Rumania, Bulgaria y Países Bálticos), India y Turquía, son algunos de los países que promueven un flujo dinámico y constante hacia estos países de acogida.
Estas tendencias migratorias traen consigo tremendas dificultades o externalidades negativas a los países de acogida, principalmente en materias de integración social, de idiomas y de temas relacionados a la religión y las costumbres. Además, tienen como característica común la instalación y radicación del componente foráneo, es decir, los extranjeros buscan como propósito migrar a estos destinos para mejorar las condiciones de vida, generando una tremenda inversión económica y a la vez, un alto riesgo familiar, que permita mantener de manera constante la relación con su núcleo familiar desde los países de origen. Sin embargo, estos procesos conllevan consigo la reunificación familiar como proceso posterior a la instalación, y posteriormente, la radicación muchas veces de forma definitiva de los migrantes.
Chile y su “todavía” nuevo proceso inmigratorio, tiene algunas características similares con el fenómeno migratorio tradicional descrito anteriormente. En un estudio realizado en el año 2008 por el Ministerio del Interior, más del 70% de la población migrante encuestada señaló que la motivación para elegir a Chile como destino de su migración era por temas económicos- laborales; en el mismo estudio, la motivación por la reunificación familiar sólo alcanza el 9,9% del total de las inclinaciones.
Podemos considerar que el carácter fronterizo – regional de la migración y su componente de cercanía hacia Chile, permite la formación de familias binacionales, que una parte de la familia emigra y la otra se mantiene en el país de origen; observándose en el caso chileno gran parte de la comunidad inmigrante no tiene intenciones reales de residir por un largo plazo en Chile, por eso se pospone la reunificación familiar y por esta razón quizás siempre el inmigrante peruano o boliviano está a la espera de una nueva oportunidad de destino en su proceso migratorio, alimentado por las expectativas laborales y económicas que pueda encontrar. Paralelamente, podemos ver otro antecedente que demuestra la baja reunificación familiar en Chile, entregados por el Censo de Población del año 2002 y otras investigaciones más actuales, donde se repite y se muestra el bajo componente de menores de edad en la inmigración, evidenciándose que el 15 % del total de la población residente migrante es menor de 16 años; además la tasa de adultos mayores también es significativa baja, lo que demuestra que la gran mayoría del componente migratorio viene en edad laboral activa con una clara vocación al trabajo.
A modo de reflexión, podemos ver que la desatención estatal al tema de Reunificación Familiar es el motivo central de la baja intensión de radicación y reunificación; la ausencia de claridad desde el Estado, la rigurosidad y obsolescencia de las leyes migratorias, una sociedad de acogida clasista y discriminadora, el abuso en términos laborales y los elevados índices de desigualdad en nuestro país, incrementan dicho factor al poco desarrollo de aquella tendencia. En general un país en la completa ignorancia de lo relevante que es la migración para el desarrollo económico, social y sobre todo cultural, hace que existan elementos más que necesarios para que el colectivo que elige a Chile como país de destino no sienta que las condiciones son las necesarias para decidir como opción de vida la reunificación familiar.